La Casa 2017-06-02T11:01:46+00:00

La Casa

La historia

No existen documentos acerca del origen de esta pequeña aldea ni tampoco acerca del nombre de la misma, pero cuenta una historia familiar, transmitida durante generaciones a través de las mujeres del linaje de los habitantes de este ahora alojamiento que, cuando Don José Díaz volvió a este, su pueblo natal, tras haber acabado el desastre del 98 con las últimas plazas del imperio español y por tanto, también con las posesiones y hacienda en ultramar de este indiano conocido por ello como “el Marín”, recibió el honor de que se renombrara este pequeño núcleo de la parroquia de Murias como Villamarín.

A su regreso, volvió a ocupar la antigua vivienda familiar, que constaba de dos unidades independientes y adosadas de estructura tradicional asturiana vinculadas a otros elementos (prados, hórreo, cuadras, horno, pajar y montes) que constituían el conjunto de la heredad que recibiera de sus progenitores. Esas dos unidades son ahora los apartamentos “la manzana” y “el bosque” respectivamente y allí residió Don José Díaz “el Marín” hasta el fin de sus días con quien se convirtiera en su esposa a su regreso de las Indias, Doña Esperanza de la Torre, procedente de una antigua familia nobiliaria venida a menos y con quien tuvo dos hijas.

Arriba: Don José Díaz “el marín” con una de sus hijas, el resto de la fotografía no se conserva debido al paso del tiempo.

Al cabo de unas décadas, su primogénita (Jesusa Díaz De la Torre) nacida literalmente a comienzos del siglo XX, establecería allí su residencia acatando la última voluntad de su padre y contraería matrimonio con Jesús Modesto Vicente González García, vecino de la parroquia y maestro de escuela del concejo. El matrimonio, que acabó concibiendo catorce hijos, tuvo que complementar sus oficios como maestro y matrona respectivamente, con las actividades agrícola y ganadera haciendo uso de los recursos de la hacienda.

Modesto González García y Jesusa Díaz de la Torre.

Modesto González y su familia encarnaban a la perfección el conocido refrán español que habla de “pasar más hambre que un maestro de escuela” y la actividad primaria se convirtió en el eje principal del sustento de la familia, ligada a la colaboración en las actividades de todos sus miembros y el cercano reguero que da nombre al actual establecimiento hotelero, en recurso indispensable para la subsistencia personal y económica de la familia González Díaz.

Llegada la guerra civil española, la familia padeció otra serie de circunstancias adversas: dos hijos fallecieron, la hermana de Doña Jesusa se exilió junto con su familia en Francia y Modesto González, a punto estuvo de ser fusilado… lo insólito de esta anécdota es que la simple tela recién tejida de una araña a la entrada de una de las cavidades de las conocidas cuevas de Candamo donde se ocultó con otros denunciados, salvó su vida…llegaron a buscarles en esa zona, pero al ver la tela de araña supusieron que nadie habría podido pasar por allí recientemente.

Ya con la llegada de la democracia, la estructura exterior de las viviendas fue alterada desapareciendo la original fachada de piedra tras ladrillo y cemento, cerrándose el amplio corredor y reformándose el interior para la colocación de baños y la ampliación de las cocinas en claro detrimento del número de habitaciones que en tiempos pasados hubiesen llegado a ocupar hasta 16 personas.
Cuando se puso en marcha el proceso de acondicionamiento de estas viviendas en alojamientos turísticos, se rechazó de antemano la posibilidad de emprender más reformas (tanto interiores como exteriores) a fin de no continuar alterando el aspecto de las antiguas casas y sin olvidar por ello las necesidades que este tipo de actividad debe cubrir.

Las casas tras la reforma en el siglo XX.

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